CENIZAS DE EL DORADO
| Autor: | Paz Barbery, Mauricio |
Eurípides dijo que “todo tiene que ser comprensible, para que todo sea comprendido”. No hay pensamiento que defina mejor el drama silencioso de nuestro tiempo: la pérdida de la comprensión profunda de nuestra memoria histórica. Vivimos en una época donde se lee poco y, menos aún, se conversa, y por ello se desvanece la posibilidad de lograr buenos entendimientos.
Siempre van a existir dos cosas dignas de atesorar: un buen libro y una buena conversación. De ambas se aprende. En base a ellas se forma la cultura de lo bueno, sembrando ideas e imágenes en nuestra mente como semillas de árboles que darán frutos benévolos; aunque, por lo general, también sembramos ideas parásitas (Kaiser, 2025), cuyos malos frutos alimentan a la sociedad. Paradójicamente, estos dos hábitos que moldearon la civilización —leer y charlar en positivo— están pasando de moda, al ser desplazados por los facilismos y/o recursos banales y cortoplacistas de una pereza intelectual que disfraza la mediocridad con aparente erudición. Las redes sociales se han vuelto “armas de distracción masiva”, donde citas célebres se reproducen fuera de contexto y frases sin profundidad se presentan como verdades absolutas, amén de la distorsión de la historia y de la cultura.
Eurípides habría advertido que, si no se hace comprensible una idea, degenera en ruido, en deformación. Y ese ruido digital —esa trivialización de la palabra— produce una ilusión de conocimiento, una falsa sensación de comprensión que, en realidad, nos está llevando a la pérdida de nuestras raíces. Por eso es urgente insistir en el libro como herramienta de formación y en la charla positiva como ejercicio de educación moral y acercamiento afectivo. La tecnología no es el problema; el problema está en la falta de criterio al utilizarla. En un futuro, cuando las relaciones humanas estén mediadas por la inteligencia artificial antes de su encumbre, la lectura de libros escritos y la conversación correctora y fraterna seguirán siendo los únicos puentes genuinos entre la razón y el alma.
En estos tiempos extraños —del absurdo ideológico, la pospandemia, la crisis democrática y la hipersexualización cultural del reggaetón— urge volver a lo esencial: un niño leyendo un libro o dos adultos en una buena tertulia, como en aquellas épocas que compartieron nuestros abuelos, donde la palabra tenía peso, sentido y propósito.
Las historias descritas en este libro nacen de aquella convicción, pues son el resultado de lecturas y conversaciones maravillosas que he tenido a lo largo de mi vida que, puestas en esta obra, buscan mantener viva la historia y la cultura de nuestro pueblo y, de paso, generar la duda, la curiosidad y la investigación en quien lea estas páginas, así como comprender el contexto histórico donde se forjaron. Quien lee no recibe respuestas; aprende a preguntar mejor. Y quien sabe conversar aprende a comprender a su interlocutor.
Quizá ese sea el mensaje de Eurípides que hoy necesitamos recordar: no basta con hablar o escribir, sino que hay que hacerlo de tal modo que lo humano y su historia puedan ser comprendidos. Porque solo lo comprensible nos salva del ruido, y solo lo comprendido nos vuelve verdaderamente humanos.
Estos cuentos han sido forjados en la ficción, pero nacen de hechos reales que he ido encontrando en libros, en letras de canciones y en charlas auspiciosas de lo bueno; y, antes de que estos hechos sean enterrados en el olvido por nuestra indiferencia, los restituyo para reforzar la identidad y la educación.